Superusar, mejor que reciclar

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Reciclar es económicamente rentable, así acaba de confirmar un estudio desarro llado por Waste & Resources Action Programme (WRAP), una organización británica sin ánimo de lucro. 
La producción de basura de todo tipo -doméstica, electrónica, industrial-, ha ido incrementando de forma asombrosa en los últimos veinte años en el llamado primer mundo. Según estadísticas de la Unión Europea, el volumen de basura municipal generado en Europa occidental ha crecido un 23por ciento entre 1995 y 2003, alcanzado la media de 577 kilos de basura por persona. Afortunadamente, también el volumen de reciclaje está aumentando. En los años ’80 en lo Estados Unidos se reciclaba un 9 por ciento de la basura, hoy este porcentaje ha subido hasta el 32 por ciento. Algo muy parecido está ocurriendo en Europa donde algunos países demuestran una sensibilidad ecológica mayor, como por ejemplo Austria y los Países Bajos, donde se recicla aproximadamente el 60 por ciento de la basura, y otros demuestran estar aprendiendo, como el Reino Unido que ha pasado recientemente de reciclar solo el 27 por ciento de su basura a duplicar este porcentaje.
El reciclaje representa el último acto  de la vida de un objeto: cuando ya no puede servir para su uso originario ni se puede adaptar para cumplir alguna otra función, entonces no queda otra opción que trocearlo y, si es posible, separar sus componentes para fundirlos.
Sin embargo, aunque el diseñó de un objeto nace para cumplir una función específica, es posible cambiar el destino de un objeto encontrando nuevos usos según progrese la vida del objeto y su desgaste.
Ésta es la apuesta de Superuse, un tablón virtual y lugar de encuentro de una variopinta comunidad de arquitectos, diseñadores industriales y otras personas interesadas en encontrar nuevas formas de utilizar objetos que ya no pueden cumplir la función por la que fueron diseñados. Así, la comunidad de Superuse intercambia informaciones sobre lo que han venido a llamar superciclaje (upcycling) en contraposición al bajociclaje (downcycling) que se limita a destruir formas y funciones de un cuerpo pero es incapaz de generar nuevos usos y, sobre todo, vislumbrar aplicaciones novedosas de objetos ya producidos en la industria de la construcción y la decoración, lo que puede aportar ideas y diseños inesperados. Por ejemplo, la estructura del asiento de un coche puede perfectamente dejar la carretera y entrar en una casa, o en una oficina, y con simplemente cambiar la tapicería se puede construir un juego de sofás cómodos y adaptables. Los cubos de basura callejeros pueden fácilmente transformarse para que ofrezcan asiento resistente y móvil a los transeúntes y los neumáticos pueden terminar ofreciendo aislamiento a las paredes de nuestra ‘nueva’ casa. La ventaja del superuso es que se requiere muy poca energía (y genera muy pocos residuos) para adaptar un objeto a n nuevo uso mientras que en comparación, el proceso de destrucción de un objeto para su reciclaje es mucho más costoso en términos energéticos y ambientales.

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