La visión

El cambio está aquí: cambia el clima, la producción, las relaciones sociales, los valores y las expectativas: antes la incertidumbre podemos cerrar los ojos o elegir tenerlos bien abiertos para mirar por dónde pisamos. El pesimismo crónico, que acecha nuestra época y seduce a muchas mentes brillantes, tiende a envolver cada circunstancia con un velo oscuro. Sin embargo no hay fenómeno que tenga una única lectura: de nada sirve demonizar la globalización, porque se trata de un proceso imparable de evolución y la contaminación del medio ambiente no se reducirá gracias a nuestros lamentos sino por acciones concretas que nos hagan contaminar menos.

El filósofo italiano Antonio Gramsci afirmaba que al pesimismo del intelecto debe responder el optimismo de la voluntad. Posiblemente la acción más revolucionaria de estos tiempos, aterrados por muchas amenazas globales, algunas de ellas reales, sea la de reivindicar la confianza en la gente y la esperanza en el futuro.

“Las teorías del cambio social se han concentrado más en cómo las ideas movilizan a las personas que en cómo las personas movilizan a las ideas” afirma David Bornstein en su libro Cómo cambiar el mundo. Y sigue explicando que este enfoque “no consigue explicar el hecho de que las ideas compiten por obtener atención y legitimidad, y que las que obtienen preponderancia no prevalecen sólo por méritos propios. […] Las ideas deben echar raíces y extenderse”.  Se necesitan por tanto personas que engendren nuevas ideas y personas que las lleven a la práctica.

Nunca antes la humanidad había vivido un proceso de cambio parecido al que se está experimentado ahora: por primera vez en la historia del mundo la población urbana supera a la población rural e Internet está conectando a miles de millones de personas que comparten conocimiento en tiempo real. Estas circunstancias despliegan una infinidad de posibilidades para el desarrollo y la creatividad que inevitablemente afectarán la manera en la que vivimos, producimos y nos relacionamos. El reto consiste en que todos podamos beneficiarnos de los avances pero sin arrasar, que todos podamos ganar sin que por ello otros tengan que perder.

De esto trata MIGAS; de las personas que sin descanso buscan soluciones e innovan para mejorar la vida de todos, de los proyectos para vivir y producir de forma sostenible y solidaria, del inmenso movimiento cívico que contribuye a cambiar el mundo, de aquellas MIGAS que juntas forman el alimento que nutre el futuro.

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